viernes, 20 de mayo de 2011

Capítulo IV

- Em, tú padre y yo iremos a comprar algunas cosas ¿vas?

- No mamá, me estoy arreglando para salir con mis amigas en un rato, que les vaya bien – contestó, afirmando la puerta con su cuerpo para evitar si es que su madre hiciera algún intento de entrar a su cuarto.

- Está bien, deja todo cerrado cuando salgas, y ve con cuidado – la madre de Emily tenía una dulce voz y comprendía que su hija estaba en la edad de la adolescencia donde se siente independiente, además sabía que si la reprimía, la chica se volvería rebelde, y eso no era bueno – Es una pequeña caprichosa – sonrió al pensar Anne, su madre, pero ella la entendía, o eso trataba, y sobretodo, la quería, siendo la más pequeña de 5 hermanos y la única mujer, era “imposible no quererla” como decía Jhon, el padre de la familia.

Unas horas más tarde, Em, Adeline, Caly, Daphne y Kimmy, se encontraban disfrutando de un capuccino en uno de sus restaurantes favoritos en el Centro Comercial.

- Se los digo en serio, ella no entiende, quiere que Roy me deje, pero tampoco quiere estar con él – hace algunos meses Roy y Adel estaban juntos, pero Denny, una antigua novia de Roy, quería convencerlo de que terminaran, para ella Adel no era una buena chica para su ex novio. Pero Adel no se dejaría engañar, le había costado mucho estar con Roy, como para que alguien se pusiera en medio, lo amaba y daría todo para que nada ni nadie lo alejara de ella.

- No entiendo, ella realmente no se cansa, deberías enfrentarla, decirle que deje a Roy en paz, que ustedes están felices juntos, y que busque alguien más a quien molestar – dijo Caly, la muchacha llevaba una relación con Evan, un joven de otra universidad a quien había conocido durante su receso de invierno, estaba feliz, pero veremos que no todo era como se veía.

- Estoy de acuerdo contigo – comentó Kimmy, mirando a Caly – creo que para que ella entienda, o hablas tú, o habla Roy – ¿Tú qué crees Em? – Kimmy, hace meses había dejado de creer en el amor, sus continuas desilusiones en este ámbito la habían llevado a dejar de lado sus sentimientos y centrar su atención en los estudios, como la mayor de tres hermanos “debía dar el ejemplo” y se auto exigía hasta quedar agotada, pero no le importaba eso: valía la pena devolver el sacrificio que sus padres hacían por enviarla a la universidad.

“Quizás no le guste el calipso, pero es uno de mis colores favoritos, además ese vestido es hermoso, solo espero verlo el sábado, me encantaría agradecerle por ayudarme para el examen, aunque no entendí nada – sonrió la niña – pero no importa, lo importante es la intención…”

- ¿Em? – repitió Kimmy, pero la chica estaba demasiado distraída pensando en el día que vería a Austin – Em! – gritó Adel, sacando a la joven de sus fantasías.

- Ah! ¿Qué?... lo siento, si creo lo mismo que Caly – dijo mientras tomaba un poco de café, solo para hacer creer a sus amigas que les había tomado atención.

- Ni siquiera sabes lo que he dicho – reclamó Caly - ¿te sucedió algo? – preguntó a su amiga.

- Si, desde que llegamos estás distraída, te limitas a responder “si”, “no”, “puede ser”, “tienen razón” ¿qué pasa? – preguntó preocupada Kimmy.

- ¿Pasó algo que no nos quieras contar? Quizás conociste a alguien, o es que ¿aún estás pensando en Will?

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