domingo, 24 de julio de 2011

No más de cuatro palabras...

Siempre estaba ahí, mismo joven, mismo violín, y a lo lejos, como siempre, parada escuchándolo y observándolo, una chica que sabe de memoria sus melodías, desde hace más de un año que esa chica va cada sábado a escucharlo tocar ese violín. Sí, esa chica soy yo, esas melodías me llevan a lugares donde jamás había estado, me hacen respirar el aire puro que se encuentra a mi alrededor y solo lo veo a él, el resto de personas que transitan por la calle no existen, solo él, ni siquiera yo estoy allí... solo él. La expresión en su rostro cada vez que comienza a dibujar melodías en el aire, me relaja, podría estar horas escuchándolo, recuerdo que un día estuve desde que llegó a su lugar, hasta que temrinó y lo vi alejarse, fueron cerca de cuatro horas las que lo escuché.

Lo miro al comenzar y terminar cada melodía, su rostro, sus ojos, cada movimiento, cuando termina cada melodía, voy me acerco y pongo unos cuantos pesos en la caja del violín, y me voy, a veces me quedo mirándolo, siempre desde lejos, otras debo irme, pero nunca lo he mirado a los ojos... nunca hasta ayer. Como todos los sábados, llegué un poco después que él, me senté en la banca de la plaza, sin percatarme que estaba más cerca de él que veces anteriores, y escuché; luego de la segunda melodía cerré mis ojos, creo que dormí por unos cuantos minutos, no lo sé, pero sus notas estuvieron a cada segundo en mi cabeza, cuando al rato abrí los ojos y ese joven estaba sentado a mi lado, la misma plaza, en la misma banca, me miró y sentí cómo mis mejillas se sonrojaban, mi mente quedó en blanco.

- Esta vez escuchaste más de cerca que lo normal - me dijo mirando hacia la copa de los árboles de la plaza, ¿yo? aún con la mente en blanco - siempre estás por aquí, hace algunos meses me di cuenta, pero no pensé que fueras siempre tú, pero todos estos sábados has estado allí, me escuchas, dejas dinero, y te vas, es interesante - volvió su vista hacia mí - ¿sabes tocar violín?

- No - creo que lo dije demasiado bajo, levanté mi rostro - no, no sé.

- Es sensacional, te relaja y te saca de tus pensamientos - volvió a mirarme, a pesar de no mirarlo, sentía esa mirada sobre mí - aunque creo que solo te gusta escucharlo - volteé para decirle algo y allí estaban, esos hermosos ojos cafés, esos anteojos, y sobretodo esa sonrisa, sentía como si mis mejillas iban a explotar, sonrió - es lindo saber que a alguien le gusta tú música.

Se levantó de la banca, tomó sus cosas, volteó para despedirse y me dijo - espero verte el próximo sábado, tendré una sorpresa para mi "cliente" favorita - ahí estaba esa sonrisa de nuevo, lo vi alejarse. No podía creerlo, no fui capaz de decirle más de cuatro palabras, y él me habló como si nada, quizás esperaba que le dijese algo o quizás sólo quería acercarse y agradecerme el escucharlo, ni siquiera le di el dinero por dejarme escucharlo, sí o sí estaré en esa plaza el próximo sábado.




Toca para mí, yo te quiero oír...
Mizzu~

1 comentario:

  1. Yo sé que irás a la plaza el sábado. Démosle una oportunidad a la oportunidad.

    Besazo.

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